A veces tengo la sensación de ser una persona bastante ingenua. Soy de esos que gustan de tejerse enmarañadas historias encerradas en los confines de la nada, con origen en la nada. Y a lo largo de mi vida, esto me ha causado incontables problemas. Tiendo a creer en cosas que, o bien son inexactas, o, por otro lado, son poco ciertas. Y es raro, porque en procesos que impliquen lógica y pensamiento lineal, suelo ser bastante conservador y precavido. Pero, cuando se trata de situaciones menos sistematizadas (o más bien más sistematizadas, pero a la manera caótica), soy tan tonto que a veces e sorprendo de mí mismo. ¿Por qué ocurre esa disociación que en nada me satisface y sí me apesadumbra? A veces es como si careciese de esa hipotética innata habilidad humana para difuminar tales cosas y dejarlas resolverse por sí mismas. Antes culpaba a los eventos, a las circunstancias, inclusive a la sincronicidad junguiana (que tanto trabajo me costó entender hace algunos años, y por lo cual probablemente la enarbolo como bandera de todo lo que me ocurre y me deja de ocurrir, para mi desgracia). Por esta y otras desagradables eventualidades, a veces prefiero ser un simple espectador que un partícipe. Y eso se debe a mi forma de pensar eminentemente lineal. Una copa de vino (o siete), son útiles en ocasiones, cuando deseo abandonarlo. Pero siempre es momentáneo, ilusorio, tal como aquello de lo que me quejaba al principio de este absurdo post. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué esa maña de dejarme manipular por los eventos?
Me pregunto, pero no hay respuesta. Hay muchas cosas que me pregunto, y tampoco las hay. Bueno, sí las hay. Sin embargo, debido al paso de los años, soy de la cada vez más creciente opinión de que quizá me aterroriza buscarlas.
Lamento ser tan críptico. Será por ese temor a las respuestas. Aunque se siente bien escribir cosas personales en el blog.
- gly.

0 ándale no duele:
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