Era un día de 1991. Un domingo. Yo no estaba haciendo gran cosa; estaba haciendo lo que la mayoría de los niños hacen: jugar mientras los grandes beben alcohol y comen opíparamente. De pronto, mi tío me llamó, y me dio cien mil pesos de ese tiempo, lo cual, era una fortuna, tanto por la edad que tenía como por las (en ese entonces inesperadas) devaluaciones sucesivas del peso. Decidí comprarme un disco. La música comenzaba a interesarme. Decidí gastarme ese dinero en tonterías, pero guardar lo suficiente para un disco. En esos tiempos, el CD era lo último en tecnología, y en casa teníamos uno. Pero yo no tenía ningún disco qué oír. Y decidí comprarme uno.
Le rogué a mi madre que me llevara a Discolandia, que era el Mixup de esos tiempos. Anteriormente le había pedido que me llevara a comprar el cassette de Vanilla Ice, el famoso To The Extreme (que tenía Ice Ice Baby), así que me llevó a la Discolandia que estaba (o está, no me he fijado, la verdad) afuera del metro Xola. Me pasé horas eligiendo los discos (hasta la fecha tengo esa manía, por eso rara vez voy a tiendas de discos: me paso horas y horas ahí dentro), hasta que tuve frente a mí tres elecciones:
1. Techno Industrial Megamix
No sabía qué coño era "Industrial" ni "Techno", ni "Megamix", pero lo había visto anunciado en la tele, y me gustaba, así que en cuanto vi la famosa portada anaranjada, lo tomé entre mis manos. Muchas canciones de ahí me gustaban, en especial "Pedro Infante Murió" y esa que decía "España es de puta madre" y la de "Ecsta-si, Ecsta-no", aunque la tercera no sabía ni qué carajo significaba.
2. The Smashing Pumpkins - Gish
Me gustó el color morado (y me sigue gustando), y había oído pedazos del mismo en Rock 101, diciendo que era "el inicio de una nueva era musical". Sin saberlo, me aproximaba, aunque sin tocar, al rock alternativo de los 90. Es como el adolescente que tiene miedo de tener sexo, pero llega a partes previamente vírgenes, y al que le gusta, pero no se anima a nada más.
3. Michael Jackson - Dangerous
Esa portada me impresionó desde un principio. Afrontémoslo, a quién no. Sus detalles barrocos... era el disco del Rey del Pop. Era el primer CD que iba a comprar en mi vida, después de todo.
Compré el Dangerous. Creo que me costó 70 mil pesos de ese tiempo (con esa misma cantidad, a duras penas me alcanza para tres caguamas). Su recubrimiento negro me impresionó desde un principio. Era mi tesoro. Pero fue cuando lo escuché que mi mente cambió. No se parecía a los Beatles, ni a los Doors, ni a los Cridens (¿de dónde habrán sacado eso de "los", me sigo preguntando). Me impresionó.
Conservé el disco hasta buena parte de mi adolescencia, hasta que un día lo perdí, no sé dónde.
Para buena parte de los que son la Generación X (y de los que no alcanzamos a serlo), la muerte de Michael Jackson representa un parteaguas. Es una cubetada fría que nos recuerda que hemos crecido. Michael siempre iba a estar ahí, haciendo lo que mejor sabía hacer: impresionar. Incluso ahora, casi dos días después de recibir la fatídica noticia, hay gente que sigue diciendo que es una ingeniosa treta publicitaria para preparar el que sería su gran regreso. Y, si fuera tan soñador como cuando compré el disco, diría que es cierto. Pero ya no lo soy. Ya estoy acostumbrado a que pase de todo. Nada me sorprendería; quizá que el 21 de diciembre del 2012 efectivamente ocurra algo, eso sí me sorprendería.
Pero la realidad es que Michael Jackson ha muerto, y siento escalofríos al escribirlo. No alcanzo todavía a digerir la noticia; estoy en un estado de shock, como un gatito mojado. No tengo oportunidad de hablar con nadie, salvo frases aisladas e incoherentes. Los ochenta han muerto, nuestro Michael, el que usaba esos guantes tan cool, el que se pirateó el moonwalk, el que asomaba a su bebé Blanket por la ventana. El Michael que yo vi elevarse con una mochila voladora en 1993 en el Estadio Azteca, el Michael que era seguido en su Suburban blanca por los miembros del staff de WFM, el Michael que hacía estatuas enormes de sí mismo, ese Michael, simplemente ya no existe. La vida no volverá a ser igual. Hemos perdido un icono, hemos experimentado una muerte tan grande que no sanará.
Y ésta era mi canción favorita de ese disco, mi canción favorita de Michael, me atrevería a decir. Bon Jovi tenía una canción que se llamaba igual. Chistoso.
Su mensaje me ha seguido impactando a través de todos estos años. Es todo un tratado filosófico resumido en una humilde canción gospel.
Le Roi est Mort. ¡Vive le Roi!
Si tú lo gritas... ¿llegará hasta adentro del corazón de tu adversario, o a tu coartada? Y tú puedes decir las palabras, como las entiendas, pero el poder está en creer, así que date una oportunidad.
Porque puedes escalar la montaña más alta, puedes nadar a través del mar más profundo.
Todo lo que necesitas es voluntad, y un poco de autoestima.
Así que conserva le fe, no dejes que nadie cambie tu opinión. Tú sabes cuando es el mejor tiempo de hacerlo, cuándo es tiempo de sacar tus sueños del suelo.
Conserva la fe, porque sólo es cuestión de tiempo antes de que tu autoconfianza gane.
Cree en ti mismo, sin importar lo que se requiera, tienes que ser un ganador pero tienes que tener fe. Tienes que conservarla, hermano. Ya lo sabes.
Y cuando piensas en la confianza en los demás, ¿eso te lleva a casa? ¿te lleva a uno de esos lugares en los que sólo piensas cuando estás a solas?
Y tú puedes seguir tu instinto, en vez de las circunstancias. Cree en ti mismo. El poder está en creer, así que date una oportunidad.
Yo sé que tú puedes navegar a través del agua, flotar a través del cielo, muy alto; todos los caminos te llevarán ahí, si lo intentas.
Así que conserva la fe, no dejes que nadie te deprima. Conserva tus ojos en el premio, que tus pies floten sobre el suelo.
Conserva la fe, porque sólo es cuestión de tiempo para que tu autoconfianza gane.
Yo le dije a mis hermanos cómo hacer las cosas bien, levantar la cabeza y mostrar tu orgullo al mundo. Ve por lo que quieres, no dejes que nadie se interponga. Tú puedes ser un ganador, pero tienes que tener fe. Debes conservar la fe.
Yo sé que mantener la fe significa ser duro en el amor, pero el amor tiene tanta fuerza que hará que ocurra, hace que ocurra.
Así que conserva la fe, no dejes que nadie te haga cambiar de opinión, tú sabes el tiempo de comenzar, saca tus sueños del suelo.
Así que conserva la fe, no dejes que nadie te haga cambiar de opinión. Tú sabes cuándo es bueno comenzar, saca tus sueños del suelo.
Levántate y actúa convencido, no seas un tonto por el resto de tu vida. Trabaja en ello, y un día lo lograrás, ve por lo que quieres, y no olvides la fe. Mírate, y ve lo que estás haciendo justo ahora. Retrocede un minuto, sólo para analizarte. Pon en perspectiva tu vida, y cómo vives cada día. Sé tú, porque tienes que conservar la fe.
No dejes que nadie te haga cambiar de opinión. Conserva tus ojos en el premio, y tus pies bien dispuestos en el suelo.
Conserva la fe, porque sólo es cuestión de tiempo antes de tu autoconfianza gane.
Haz trabajar a tu mente antes de que se oxide. Algunas cosas en la vida deben dejarse así. Ve por lo que quieres, no dejes que nadie se interponga en tu camino. Puedes hacer que ocurra, sólo conserva la fe. Consérvala, hermano, tienes que conservarla, hermana, sólo consérvala.
Conserva la fe.
Yo le dije a mis hermanos cómo hacer las cosas bien, levantar la cabeza y mostrar tu orgullo al mundo. Ve por lo que quieres, no dejes que nadie se interponga. Tú puedes ser un ganador, pero tienes que tener fe. Debes conservar la fe.
Esfuérzate, y vuelve a poner tu mente en el camino, muévete y vuelve a ganarte tu respeto. Me has conocido por tanto tiempo que sabes que no estoy jugando. Tómalo como quieras, pero conserva la fe.
No dejes que nadie te deprima. Conserva tus ojos en el premio, y tus pies en el suelo. Conserva la fe, porque sólo es cuestión de tiempo antes de que tu autoconfianza gane.
Pero hasta ese día... debes conservar la fe.
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